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Entrevista

Ricardo A. Chacón

Maurizio Fiore: "El jazz no es tradición"

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Compositor de jazz, cofundador de Noah y Maurizio, y embajador del cuatro venezolano en E.E.U.U.

«Nosotros somos –los latinoamericanos, diría yo, extendiendo el concepto– los ciudadanos más privilegiados del mundo… Porque nosotros somos los únicos ciudadanos universales que existen en el planeta tierra. Mucho más universal es un venezolano que un francés; lo cual no significa que sea más culto, no. Un francés puede ser más culto, pero un venezolano tiene evidentemente mayor capacidad de comprender la humanidad que un europeo, porque un francés simplemente es un francés y no más que un francés; pero un venezolano es un francés, de paso, y un noruego también, pero es de paso un indio y de paso un negro también, todo eso es. Nosotros deberíamos de usar ese derecho a la cultura que nos dio la historia.» José Ignacio Cabrujas.

Maurizio Fiore es un músico venezolano radicado en Estados Unidos, egresado con mención en Composición de Jazz de la Berklee College of Music (Boston, Massachusetts) y miembro fundador de la banda de cuerda Noah y Maurizio. Maurizio es un representante de la escena de música floklórica en Boston. Hacemos la entrevista un domingo, luego de una presentación nocturna.

Entonces, estabas en un concierto.

Sí o sea, yo no sabía que iba a tocar. Era el cumpleaños de una amiga. Ella nos dijo para ir a su fiesta en una cervecería muy famosa, Aeronaut; entonces fuimos. Y porque en esa cervecería trabajan unas venezolanas que tienen una arepera, que son como las arepas más auténticas de Boston.

¿La cumpleañera es venezolana?

Sí, es gocha. Es una amiga, y me dijo que ‘los músicos van a tocar’ y yo como que “¿Vamos a tocar en serio?, ¡yo no estaba preparado para esto!” (risas)… Tocamos ahí, y después nos dicen y que “no, como son los músicos, beben gratis”. No me lo esperaba (risas).

(Risas) Maurizio, la pregunta obligada ¿Quién era Maurizio Fiore en el colegio?

O sea, mucha gente que me conoce, sobretodo ya yo estando aquí en EEUU, sabe que… cuando un emigra, uno es otra persona. Uno puede presentarse de la manera que uno quiera, como la gente no te conoce de antes; uno es esa persona… Pero en el colegio yo era un chamo muy tímido… como asustado… yo tuve padres que me apoyaron mucho, y siempre estuvieron ahí para mí. La manera de ellos de criarme fue como de “haz lo que tú quieras y nosotros te vamos a apoyar”. Pero la desventaja de eso, de cierta manera, es que no te empujan a nada. Entonces, por lo menos en mi caso, eso me llevo a que ¡yo en realidad no hacía nada! Yo era un chamo sin nada que aportar, sin nada que ofrecer, de cierta manera. Yo estaba ahí como en mi mundo, viendo como las cosas pasaban, y entonces como veía que todo el mundo hacia algo, yo lo hacía. Por ejemplo, recuerdo que yo dibujaba mucho… Eso; a mí me interesaba mucho el arte gráfico y la cosa. Pero no era como que estaba poniendo mis dibujos ahí en el pizarrón para que la gente los viera. No fue hasta que yo me metí en lo de la música y empecé a tocar guitarra que la gente vio como que “Ah, mira, Maurizio existe y Maurizio hace cosas que a la gente le importan”. No, antes era como que “Ah, Maurizio es el chamo raro”.

Tal vez por emigrar has encontrado la necesidad de ser más pragmático aun haciendo arte, ¿sientes que todavía tienes ese ímpetu por crear mundos imaginarios?

Pues fíjate, es difícil, porque lo dijiste con una manera muy, muy al punto, del pragmatismo… Uno al final viaja con un propósito muy claro: yo salí del país como estudiante y vine como estudiante y tengo que hacer una carrera; tengo que terminar ciertos objetivos… Pero tengo la fortuna de estudiar algo tan abstracto como es la música, que es como un mundo de ideas… O sea uno estudia algo específico, por ejemplo en mi caso, yo estudie composición de jazz. Yo dije “ok, voy a ir a esta universidad como Berklee y voy a estudiar composición de jazz”. Eso es algo muy específico, y se puede poner en un objetivo bastante claro… Pero dentro de eso, uno es quien es y por ejemplo a mí que me interesan otros géneros aparte del jazz y otras maneras de hacer música; uno encuentra como meter su creatividad, su inspiración, y ver cómo agarro esta información, esta perspectiva de la música, que me la están enseñando hoy, pero que fue hecha para los años 60s; y la interpreto para otro tipo de música que se está haciendo ahorita en el 2019-2020… Entonces, de esa manera uno puede crear sus propios mundos. No necesariamente imaginarios pero… uno puede ser creativo con otras perspectivas de la información que a uno le están otorgando, que en mi caso era una carrera musical… En la música, hay cosas que se han hecho, pero nadie te está diciendo que no se pueden hacer otras; sin embargo, tienes que saber que porque antes se usaban lienzo y pinturas de óleo, etc., y luego “ahora qué puedo hacer yo con un marcador sharpie”… Todo tiene que ver con los fundamento. Con las bases de tu conocimiento.

¿Consideras a la música como un vehículo para trasladarse a otras épocas, y de alguna manera, traerlas al presente, compararlas, y poder cosechar posibilidades de eso? En el sentido de que, cuando dices que la música es creación, es una creación que está hasta cierto punto determinada, por ello implica investigación.

Bueno, es que uno puede abordar música de dos maneras a mi parecer. Uno puede abordarla de una manera, por usar un término, científica, simple; usando el término laxamente: “Yo quiero escribir una pieza que este hecha al estilo renacentista” por ejemplo, de Guillaume DuFay. Entonces voy,  analizo la música de ese señor y compongo. Eso cumple los requisitos que quiero cumplir en ese momento, ‘Escribir una pieza del estilo renacentista de DuFay.’

Sin embargo, hay una gran diferencia entre eso y cuando estamos hablando de ser creativo, o estar inspirado… Para mí la creatividad y la creación son dos ramas del mismo árbol; estar inspirado, hace que seas creativo… Y la inspiración es simplemente, la habilidad de interpretar la realidad. Este es un concepto que yo le robo a Steve Vai; él dice que la inspiración es simplemente eso, cómo tú ‘tomas la realidad y la interpretas a tu manera’ y eso puede ser en música, en pintura, en cocina, en arquitectura.

Qué interesante. Depende realmente de lo que se busca y espera en un escenario determinado

Sí. Cuando yo digo eso es tratando de darle un poco de espacio a otros géneros. Pero en mi opinión, todos deberíamos saber de dónde se viene para saber a dónde se va. Goethe decía que el hombre que no sabía ubicarse en 3000 años de tiempo, está perdido para siempre. Sea en música, en ingeniería, en arquitectura, en arreglar carros, en leyes, en todo. Entonces, habrán géneros musicales que de repente uno puede darse el lujo de decir “¿qué carajo me importa saber lo que hacían hace 30 años?”… Pero por lo menos en los géneros en los que yo tránsito no es así; porque la gente que escuchaba a la gente que vino antes que tú, todavía está viva, y tú quieres que ellos paguen para ir a verte a ti entonces tú tienes que convencerlos también.

Recuerdo que tuviste un momento de acercamiento a la música académica, desde tu punto de vista ¿Consideras que hay distinción entre la música académica y la música popular?

Definitivamente sí. Claro, obviamente, tiene que ver con varias maneras de abordar esta pregunta.

Si yo escucho música académica, yo soy otro personaje diferente al que solo escucha música popular. Popular es lo que le gusta a la gente, y aún antes de que existiera la industria, los músicos ya sabían lo que gustaba a la gente en distintas sociedades y tiempos. En todo género de música me atrevería a decir, tú puedes encontrar las vertientes de lo que a esos músicos les da curiosidad y exploraban y trataban de desarrollar y lo que hacían para la gente. Porque no es que explorar no les interesaba ¡sí les interesaba!, y sí les gustaba; pero, cuando tú tocas algo y a la gente le gusta, tú eso ya no lo tienes que cambiar, de hecho, ya no te conviene cambiarlo porque la gente le gusta y si lo cambias entonces pa’ qué te pones. Eso ya cuadró. Mientras tú sigues por lo tuyo desarrollando tu cosa; pero lo popular, cuando cuaja, eso ya está, y la diferencia principal es esa. La música académica va con la academia, con la gente que estudia, ve el pasado y ve el presente, y analiza y se sienta en un salón con un cuaderno y dicen “Ah mira, qué cool lo que hicieron aquí”.

¡Y yo soy de esa gente!.. Pero al final yo puedo tener todo ese conocimiento y voy a un show de música cubana y a ellos no les interesa escuchar la música cubana más inteligente que yo he descifrado, si yo toco “El Cuarto de Tula”, a ellos les va a gustar. Entonces ¿pa’ qué lo piensas? (…)

Eso es una mala concepción del intelectualismo, del arte y de la academia, que es bueno ‘esa gente lo arruina todo y no sé qué porque tal’ ¡y no! Uno puede tocar una pieza popular de una manera académica, metiéndole otros elementos, otros arreglos, y tú veras si a la gente le gusta. Pero si no les gusta, es culpa tuya. Porque tomaste algo popular, y lo llevaste a otro ámbito y no cuadró. No tiene nada de bueno ni malo, simplemente es el contexto.

Es interesante saber que hay interacción entre esas categorías en el fondo. Por ejemplo, me llamó mucho la atención descubrir hace poco que en su génesis el Jazz era considerado música más bien inculta; música irracional, o no pensada. Y ahora el jazz ha crecido hasta el punto que, bueno, tú mismo puedes lo consideras un término valioso que puede ser aprovechado intelectualmente.

¡Sí!, de hecho el término jazz–

¡Exacto!

La palabra jazz, era la música de New Orleans, Louisiana; el sur de E.E.U.U. Que es como el puerto del Caribe de EE.UU.; un lugar donde todavía hay barrios donde se habla francés. New Orleans es otra cosa, uno aquí piensa que EE.UU. es un lugar pero EE.UU. son 50 países en el mismo pedazo de tierra… y New Orleans es donde se origina esta música, y donde nace el término del jazz. Y jazz era como llamaban a la vibra, como al sentimiento… En los bares de mala muerte se tocaba este tipo de música que tenía un swing que venía pa’ acá e iba pa’ allá’. Entonces, en la década de los 20s y los 30s, durante la prohibición en EEUU, es el apogeo de las Big Bands –que es una orquesta de metales con piano, bajo, batería–; y que es uno de los géneros más famosos del jazz, en el que hay artista como Duke Ellington, Count Basie y otros… Pero la evolución del jazz siempre ha venido de la música clásica, sea de la vieja o de la contemporánea. Hoy en día nosotros estudiamos a los músicos de jazz, porque fue el siglo pasado, pero hace 100 años no había músicos de jazz; eran ellos mismos. ¿y a quienes estudiaban ellos? ellos estudiaban a Ravel, a Debussy, a Stravinsky, a Bartók; la que llamamos hoy en día música clásica, música romántica, música impresionista, neotonal, etc.

Duke Ellington, que es una leyenda del jazz, tiene un arreglo en Big Band de la suite de El Cascanueces de Tchaikowsky, ¡toda la suite de Tchaikowsky en estilo de jazz! porque él estudió eso, de ahí es donde él estudió armonía y arreglos y todo eso (risas)… Entonces, ellos no concebían su música como jazz, que era al principio algo tan simple como la música que se hacía en Nueva Orleans; y al pasar de los años siguió evolucionando.

Según tengo entendido, cuando llegan los 60s –donde han habido como 40 años de esa música que se supone que se llama jazz–, empiezan a evolucionar y entonces ‘ok, este tipo de gente va a hacer un tipo música, nosotros vamos hacer otro tipo de música, y todo se va llamar jazz’ pero, lo tuyo por ejemplo va a ser free jazz, lo mío va a ser modal jazz, lo mío va a ser hard bop, etc… Y por ahí va toda esa evolución de música; que estamos en 2019-2020 y ahora el término jazz no sólo significa un género, yo puedo decir que “no, es que yo toco música folclórica jazz”, y eso tiene una connotación de que tocas música folclórica, pero que tiene un grado de sofisticación; un grado de composición, un grado de arreglos; tú no me vas a traer una banda chimba, tú me vas a traer una pieza que tiene unos arreglos y una cosa ¿por qué? porque es jazz, ¿Me entiendes? (…) Y así sale otro montón de gente, y el jazz se diversifica y así salen las décadas, entran los 70 y llega el [jazz] fusión; llegan todas las combinaciones con la tecnología naciente; otros modos de componer. Empieza Chick Corea –que hoy en día es una de las figuras más importantes del jazz– y nadie sabe en realidad qué es la música de él; porque lo ha hecho todo (…)

Si tú regresas en el tiempo hace 100 años, a 1920, y le dices a Duke Ellington “mira, dentro de 100 años va a salir un tipo con este disco” y le pones el disco de Chick Corea, y le dices “eso es jazz”, probablemente te mate (risas).

¿Crees que fue la genialidad de artistas como Chick Corea y otros lo que hizo que el jazz evolucionara a ser jazz y que no fuera en otra dirección más popular o banal?

Sí, definitivamente. Todo va como con esa línea de tiempo que te dije antes. Empieza el jazz, en Nueva Orleans; Dixieland, que era como la primera forma de jazz, que era como una banda show; un poco de tambores y un poco de metales y caminaban y tocan. Esa es la música Nueva Orleans. Y ellos lo que inventan es, okey, “cómo hacemos para tocar esto de una manera más informal”, e inventan el Dixieland, en donde todos improvisan en conjunto; (…) Y ese concepto de distintas melodías improvisadas al mismo tiempo, es lo que inspira a compositores como Duke Ellington de decir “eso es lo que vamos a hacer nosotros”, en lo que se llamó la Big Band. Ese carácter aventurero, atrevido. De repente no siempre va a sonar prístino, ni perfecto, pero ese es el objetivo. “vamos a explorar esta música, esta armonía”; porque tú puedes saber perfectamente cómo funciona una armonía en la música de Beethoven; pero al fin y al cabo, tú estás en la calle y quién sabe si a ti se te ocurre poner un acorde antes que el otro. A Beethoven de repente no le gustaría pero Beethoven se murió hace 100 años, entonces qué importa (…)

El jazz no es tradición; es intelectualidad, creatividad, inspiración, “ok, cómo hago lo que hizo él y lo hago mío”, y así es como evoluciona la música… Y por eso es que el jazz está como medio raro. Hay mucha gente que le encanta la música como se hacía antes, entonces quieren seguirla haciendo así, y entones, cómo haces tú para para evolucionar si tienes un poco de gente atrás que dice “no, eso no es así, y yo la estudié”… El jazz se ha vuelto muy académico. Porque hay gente como yo –bueno gente como yo no, a mí de verdad no me importa, yo estudié jazz porque me gusta; pero para usarlo para otras cosas– porque quieren que él jazz se quede como le gusta; como fue en tiempo pasado, pretérito perfecto. Y bueno, los músicos antes no contaban con esa oposición…

Yo diría que es 50-50, gente que sabe que sabe que tienen que evolucionar, porque así es la música, siempre está evolucionando y siempre hay que estar haciendo cosas nuevas; y gente que quiere que se quede así, porque no quiere que le cambien la cosa que le gusta; y no tiene nada de malo ni de bueno; nadie quiere que le cambien las cosas que le gusta… Sí es complicado, y yo me alegro que no es mi pelea, tengo otras peleas que librar (risas).

Sí, me parece bastante filosófico. El reto sintiendo que ambos tienen cierta legitimidad, en medio de tantas corrientes que pueden decir qué es el jazz o qué debería ser, cuando históricamente ha sido vanguardia.

Sí, ¡es dificilísimo! y como a mí me encanta saber las cosas, yo le pregunto a la gente, ¿qué es jazz?, yo quiero saber (risas), porque yo no soy jazzista; yo soy un imperialista, un colonizador del jazz; yo llegué, agarre lo que me gustó y me fui (risas)… Y sigo haciéndolo. Agarro lo que me gusta del jazz, y me lo llevo para lo que a mí me gusta hacer.

Antes de irte ya te gustaba el jazz, y decidiste entrar a Berklee estudiando jazz. Pero a ti te becaron en Berklee por tocar el cuatro, un instrumento que es tradicionalmente de música folclórica venezolana. Además, ahora estás en un proyecto que en gran parte tocan música Bluegrass, que es como música folclórica de los Apalaches americanos. Me parece muy curioso… ¿Cómo relacionas eso? música llanera–jazz–bluegrass.

Bueno, cada destacar que, 1. Sí, me gustaba el Jazz, obviamente. También me gustaba el jazz porque cuando estoy en Valencia, Venezuela, yo empiezo estudiar con Franco Nasi, que es uno de los músicos más importante de Valencia en los ámbitos de jazz, y de blues, y de rock. Él estudió en Berklee y es jazzero; entonces cuando yo llego a su estudio me dice como que “a mí me suena que a ti lo que te falta es estudiar jazz”, armonía, composición, etc… Y gracias él yo me empiezo a meter en esa onda. Yo empecé a tocar la guitarra probablemente por mi propia cuenta. Y con la guitarra llegué a un punto en el que, por decirlo así, ya yo sabía caminar, incluso sabía correr; pero una cosa es correr en una pista atlética, y otra cosa es correr en la playa, y otra cosa es correr en el cerro; y yo no quería sentarme a estudiar, yo solamente quería hacer ser algo de repente me daba curiosidad, y la guitarra se me puso un poco fastidiosa y por ahí llegué al cuatro… (…) El cuatro simplemente me pareció interesante, un instrumento muy percutivo, muy rítmico; y bueno, viniendo de la guitarra, yo de repente pensé, si voy al cuatro eso tiene dos cuerdas menos; debe ser más fácil y resulta que fue otro mundo entero… y me enamoré del instrumento y de la manera de tocar y todos los distintos géneros de música venezolana que se podían tocar con él (…) Cuando audiciono a Berklee, lo hago con cuatro. No me consideraba –y todavía no me considero– ningún genio en él, simplemente he sabido como tocarlo de una manera bastante decente, y de repente a cómo hacer cosas un poco inusuales, porque como toco guitarra, lo puedo abordar desde otra perspectiva…

Hablando ahora del proyecto que tengo ahora, que se llama Noah y Maurizio, él bajista y yo cuatro, y componemos las piezas y todo eso; el Bluegrass es una parte del grupo, pero en este grupo también tocamos música brasilera, tocamos jazz en otro tipo de forma, porque al final no tenemos batería; tocamos muchos tipos de música, tocamos música venezolana también y al final… Abordar la música tradicional puede tener el mismo tipo de enfoque; y es simplemente que bueno, ‘tú te estás acercando, tú como persona, como individuo; a un mundo en el que tú no importas’, y se va tocar después de ti, y a nadie importa que tú la estés tocando (risas)… Y es un poco oscuro, pero de cierta manera, esa es la esencia de esa música. Esa música es un mundo en sí; totalmente lo puesto a lo que veníamos hablando del Jazz, que es una música creada y evolucionada por genios, que siempre va a la vanguardia. La tradición no es así, la tradición existe por sí sola… No es una cultura del yo, ni de quién soy yo, y de qué voy a aportar yo. No. Eso es un mundo que tiene elementos, tiene historia y eso se mantiene vivo mientras lo toquen; e incluso si no lo tocan, es un recuerdo; pero está vivo y está muy bien definido. Entonces uno tiene que tener un cierto grado de respeto de cómo la gente que toca esta música la ha tocado y la entiende, y antes de yo decir “que porque tengo mi título de Berklee y yo soy quién sea”, ¿quién soy yo al final para decir que soy mejor que esto?… Y eso es con todo: con Bluegrass, música venezolana, música argentina, música de nuevo Orleans, brasilera, de cualquier parte del mundo. Cualquier cosa que tenga que ver con tradición, tienes que afrontarlo de esa manera.

¿Cómo compararías las escenas musicales de Boston y Nueva York con las de Venezuela?

En Venezuela… Bueno. Yo me fui a los 18 años de Venezuela. La última vez que volví fue cuando tenía 20 años; así que no tengo mucho que opinar –y también no me gusta tanto hablar de eso… Pero para uno ser músico uno necesita circuitos, uno necesita sitios donde pueda tocar regularmente; una comunidad de músicos que siempre esté cambiando, que siempre esté moviéndose entre los mismos sitios; y entonces tienes un circuito, de lo que podría decir como gama baja o gama media; que son bares, restaurantes, etc., y todo normal. No es un show, por así decirlo… Es de que voy a un restaurante y está tocando una gente ahí, o voy a un bar y está tocando una gente ahí. Y gama alta ya son los shows; los teatros; incluso si es en un escenario en un club de rock… Un circuito propiamente dicho tiene las dos cosas. Un artista se va moviendo entre todas estos ámbitos; y siempre hay mucho movimiento… Por lo menos cuando yo estaba viviendo en Valencia hace años, no era así (risas); y a ciencia cierta todavía sé que no es así; pero como yo voy a pedir que eso exista si no hay alimentos y medicinas, si no hay gasolina y… No hay nada… En general, de Venezuela preferiría no opinar nada, porque es un tema demasiado complicado… En términos pragmáticos, en Venezuela no hay escena musical porque no hay inversión, pero cómo puede haber inversión [en música] si no hay ni siquiera calidad de vida. Eso no tiene nombre.

Sí es como que, con todo el respeto, hay prioridades antes de preocuparse si hay o no escena musical.

¡Exacto, pero es que claro!, En teoría sí… Sin embargo, (…) Cuba tiene una de las culturas musicales más ricas del mundo… La han desarrollado de una manera exponencial. Han dicho “como no ha llegado”, o bueno, “como no han llegado tantas cosas”, lo hacemos distinto. Tú ves la evolución de la música cubana, y ves lo que hay hoy en día, y es impresionante. ¿Qué les importa a ellos si no tienen mercado en su casa?, si tienen música y tienen arte; tienen gozadera.

¿En Cuba sí hay una escena entonces?.

No, no es que hay una escena… Es que si tú eres músico en Cuba, vives bien, ¡vives tremendamente bien!… Y si tú ahorita pones en YouTube, por ejemplo, Elito Revé, que es uno de los músicos cubanos más importantes de la escena de la timba; a él le están produciendo videos una compañía de videos de España.

¡Wao!

O sea… hay inversión extranjera en la música. No de Estados Unidos, pero sí de otros países… Y fíjate, hay un video en YouTube de un concierto que hicieron el año pasado, de los Van Van –que es otra banda muy famosa en Cuba–; y están en el escenario lado a lado con Elito Revé; y a este concierto según fueron como un millón de personas… Una cosa loca; absurda… Capaz hayan sido 10.000 – 20.000 ¿pero que en la Habana, Cuba?… Eso es un show de marca mundial. Eso es un Loolapalooza, eso es un Coachella, eso es lo que sea… Y lo hicieron en Cuba… ¿Qué pasó ahí? Bueno, quién sabe… Yo no sé, ¡pero el show está ahí!, y es impresionante. Y mira, hace menos de dos meses, ¡fue el Cúsica Fest…!

¡Exacto!

Una cosa olímpica; y yo no sé dónde salió toda esa plata para ese concierto (risas); los artistas, el escenario, el sonido, las luces; ¡y se montó ese show…! que yo estaba esperando, no alegremente, pero que fuera un desastre… Y más bien el Cúsica Fest fue un éxito total, rotundo; un proyecto que cumplió y rebasó las expectativas; todas las bandas se montaron, hicieron un show con luces brutal, y las bandas en el podio, y la Vida Bohème tocó como un día entero (risas), y toda esa cosa, y ¡wow, que impresión…! Porque eran todos esos artistas venezolanos que tú y yo veíamos hace seis años en el Radical Fest, en el Hogar Hispano en Valencia… Pero ahora Viniloversus, ya es famoso en México y en Estados Unidos; Okills vende estadios en México; la Vida Bohème igual; los Mesoneros también; y ahora el cantante de los Mesoneros es compositor y productor de un poco de artistas en Estados Unidos y en México; Rodrigo también tiene su proyecto de solista… Y es que ellos ya excedieron su país de origen; ellos ya no tienen nada que ver con Venezuela; son famosos. Y que ellos hayan decidido venir a Venezuela –que creo igual lo hubiera hecho–; pero es que el show estuvo bien; no, no estuvo bien –estuvo excelente. Ese show pudiera haber sido el suficiente para montar cualquier artista de afuera. Se pudo haber montado Arctic Monkeys, Interpol, The Black Keys; por hablar de opciones alternativas… Quién sabe, quizás en cinco años estemos diciendo lo mismo de Venezuela cuando monten el 5to Cusica Fest, y sea mejor que el anterior, y en Venezuela no se haya solucionado nada.

Ahora, volviendo a Boston, ¿cómo te sientes de haber estudiado en Berklee? ¿Consideras que fuiste un representante de la música venezolana?

No sé si fue el mejor representante, pero fui un representante; definitivamente… Más allá de otro estudiante que estudió aquí que se llama Alexis Soto, que es un maraquero que entró como percusionista… Pero él fue lo único maraquero de Berklee mientras estuvo aquí, y ahorita no hay ningún maraquero porque ya se graduó. Yo igual me gradué; y ya no hay ningún cuatro en Berklee. De esa manera, sí fuimos los representantes de lo venezolano en Berklee, de instrumentos folclóricos; que si hubieran querido hacer un show folklore latino, nos hubieran llamado a nosotros. Que no éramos necesariamente los mejores pero sí los únicos (risas). (…) Berklee en el 2010 2009, es cuando en el departamento de cuerdas –que es el departamento del que yo era miembro– empieza a traer músicos y estudiantes del medio oriente; del mundo árabe. Porque contratan a un profesor que se llama Simon Shaheen, que es como decirte Simón Díaz, Aldemaro Romero, y Juan Vicente Torrealba; todos esos juntos en una sola persona; y él es de Palestina. Pero él es un genio de la música árabe. Una enciclopedia.

Y él fue el que empezó esa tendencia a traer gente de otras culturas…

Según yo tengo entendido, cuando lo contratan el Berklee, que fue a principios de la década de 2010; fue cuando empiezan a venir todos estos estudiantes de esa zona: de Palestina, de Egipto, de Túnez, de Omán, de Irak, de Irán, de Turquía, de Jordán, del Líbano, etc., y por ahí empieza todo. Y había un programa de roots music, que es la música que viene antes del Bluegrass ,y se empiezan a traer también estudiantes americanos que tocan toda esa música… El departamento de cuerdas en general es el que ha impulsado la internacionalización de los instrumentos en Berklee; y eventualmente, entra Carlos Capacho, que fue el primer cuatrista en la historia de Berklee. Un cuatrista muy famoso de Venezuela, muy renombrado, muy muy bueno. Y él llega a Berklee, teniendo ya una carrera como solista, y con su grupo; y él abre la puerta al cuatro venezolano en Berklee. Yo entro el semestre después de que él se gradúa.

Wao.

Y me había parecido muy bonito ese detalle. Me pareció muy bonito como que darle una continuidad al asunto. Probablemente dejé el nombre del cuatro por el piso (risas); sobre todo porque ya no hay cuatrista en Berklee, entonces se rompió la cosa. Pero si no hubiese sido por él yo no hubiese podido ni considerar entrar por el cuatro Berklee; y eso me dió esa oportunidad. (…) Y quizás  por esa misma razón de no ser el mejor cuatrista del mundo, dije “bueno, en veces de hacer lo que hacen otros cuatristas voy a intentar hacer otras cosas”; y gracias al cuatro entonces me metí en otras cosas. Me metí en la música brasilera, en la música peruana. Me metí inclusive a estudiar con música árabe con Simon Shaheen y en esa música me fue muy mal (risas); la tocó horrible; pero lo intenté y hay videos míos tocando esa música. Toqué con la orquesta de cuerdas, que el maestro de esa orquesta es uno de mis profesores más amigos… Gracias al cuatro yo he hecho de todo.

Fue como tu catalizador; te permitió ir a explorar otras cosas…

¡Definitivamente, definitivamente! Porque sólo al verlo… A mí con la guitarra no se me hubiesen ocurrido ninguna de las cosas que hice con el cuatro.

¿Y sigue teniendo algo singularmente especial para ti el cuatro? O ya es como cualquier otro instrumento de cuerda.

Cuando estaba en Berklee, tocaba cuatro cuando podía y me interesaba, o cuando era para algo que me daba nota. Como te digo; yo estaba en la universidad buscando tocar todas estas cosas: música brasileña, árabe, peruana, colombiana; aprendiendo, estudiando cosas… Entonces ahora que ya estoy fuera de eso; en los proyectos que me han salido, he tenido la buena o mala suerte de que han sido de guitarra; y entonces he vuelto a la guitarra. Pero entonces, en mediados de 2018; empiezo a agarrar la guitarra de nuevo, y me doy cuenta de que ahora toco guitarra de una manera que viene del cuatro.

Qué interesante…

Claro y ahora entonces toco cuatro, en realidad es cuando me sale. Porque nadie me está llamando para tocar cuatro tan frecuentemente (risas). Pero sí… ¿Qué sería de mí sin el cuatro?, tú y yo no estuviéramos teniendo esta conversación… El cuatro me abrió a poder tocar música argentina, música colombiana, de Perú, Brasil; y obviamente sigo con la música venezolana… Ha sido una parte de mí crecer importantísimo, sobre todo cuando estás hablando de un instrumento que fuera de Venezuela, no es nada. Simplemente es una guitarra extraña que le faltan dos cuerdas y que suena raro. Para mi eso fue una ventaja, porque yo pensé ‘ahora yo tengo que vender este instrumento’. Tengo que aprender este instrumento de una manera que yo pueda meterlo en la música que me toque tocar, y que nadie me regañe.

Prácticamente en un rompecabezas que ya está armado.

Exacto, imagínate. Yo entrando a la brasilera; y el cuatro se parece a cabaquiño; pero no es. Y empieza el 1er problema. 2do  problema; el cabaquiño sólo se toca en cierto tipo de música brasilera; si llego a tocar otro tipo ya no tengo la referencia clara. Y 3er problema; no hago falta… Entonces uno tiene que saber embajador de su instrumento, y decir “no mira, con esto se puede hacer de todo; mira lo que te traigo”, tiquitiquitiqui… Y uno luchándosela. En términos de qué, yo tuve la oportunidad de meter el cuatro en todo, pero al final yo pude haber arruinado el cuatro para mucha gente. De qué hubiesen dicho “no pero, es que el cuatro es una guitarrita chimba de Venezuela que ni suena”. Y obviamente tuve que meterle cabeza al asunto, y yo no soy ningún genio; pero de que, ‘estos elementos ya están presentes, y qué puedo hacer en el cuatro que se parezca a eso; y haciendo eso, ya no me van a regañar; y después es que voy a agregar algo que no exista. O que pueda estar de y hacerlo más interesante. Porque el cuatro es un instrumento distinto… En el cuatro tú puedes hacer repiques de tambor, exactamente iguales a los que hace el tamborero, pero le puedes poner notas; armonías. Entonces, es otra cosa… Y ese efecto que puede tener el cuatro, es muy difícil de hacer en la guitarra. Se puede hacer, pero no se puede hacer en todos los registros ni con la misma libertad con la que se puede hacer en cuatro. ¡Y en el piano es dificilísimo!, en el piano va a sonar horrible probablemente; una morisqueta con las dos manos. Y lo puedes hacer; pero en el cuatro no sólo lo puedes hacer, sino que es normal; y eso es muy importante. Porque cada instrumento tiene su propio lenguaje… El cuatro entonces es como un tambor con cuerdas. El cuatro es una guitarra en términos de dónde viene, todo eso, pero cómo se toca el cuatro, es como un tambor con cuerdas (…).

Usabas el cuatro como una esponja para aprender otras cosas.

No sólo como una esponja… Porque no es como que aquí me he conseguido a unos cultores de la música sudamericana, que me han dicho “Oh! te estabamos esperando”, ¡No! (risas) esto me lo he currado yo solo. Yo por querer hacerlo; pero te digo que viene relacionado a de que, okey: yo vengo como cuatrista, y no sólo soy el único cuatrista, sino que yo soy Venezuela en Berklee ¡Así me sentía yo!, y algunos me han dicho que “no, pero chamo, tranquilo, tú no tienes estar pensando así”, pero no, como a mí me encanta complicarme la vida, ¡yo soy Venezuela en Berklee! Y no era por vanagloriarme; eso me generaba mucho estrés, y mucha preocupación y mucha presión; (…) Pero para mí era como que, si yo quiero saber de folklore, yo tengo que saber decir “¿Venezuela?” okey, en general es esto; qué sigue; “¿Argentina?” okey, qué hay en Argentina, chévere. Y así va. Qué es en Colombia, qué es en Brasil, qué es en Chile. Cómo se parece. Tener ese entendimiento de ese mundo, que me gusta; pero que lo hago también porque nunca voy a dejar de tocar el cuatro, y yo quisiera ser folclorista pero no lo soy…

¿Cómo nace Noah y Maurizio?

Hay una razón que yo creo que es la verdadera, pero creo que no pone a nadie en su mejor situación (risas)… Yo te voy a decir la más romántica. A principios del año pasado, 2019, Noah me escribe y me dice… Bueno, para empezar; Noah Harrington, que es el cofundador y es el bajista, es un tipo que lleva toda la vida tocando jazz, toda la vida siendo un duro del jazz, tocando en festivales y en competencias y ganando premios; y cuando yo lo conozco en Berklee, él está atravesando como una crisis existencial de que le gusta el jazz y le fascina pero siente que hay otros mundos musicales por explorar, y él había estado buscando y se había metido en el mundo del Bluegrass; y de hecho así es como conoce a una algunos de los miembros de la banda. Estaba buscando esas cosas; y entonces yo le presenté a gente que me había enseñado de música de Sudamérica, y le mostré música venezolana, argentina, todo eso. Y al principio del año pasado él me dice “¡hey!, quiero montar un grupo en el que tú toques y montemos música de todo tipo. Tuya, mía y de todos lados”, y yo le digo “sí va”… “[Noah dice] van a estar estos amigos míos y no sé qué”, que yo también los conocía, y se termina formando este grupo bastante ecléctico; Noah y Maurizio es una banda que tiene guitarra, bajo, violín, chelo; que ya es un poco de inusual; y encima le metes el cuatro y la mandolina. Incluso la mandolina es un poco más común, pero el cuatro olvídalo… Entonces nada, probamos este grupo e hicimos un par de shows; salieron bastante bien, y él consiguió una cita en un estudio y dijo ‘para ver qué grabamos; capaz grabamos dos canciones, una canción; no importa, pero que quede grabado’; y todos dijimos “sí va, nos parece bien”… Terminamos grabando todos los temas que hemos montado; que eran 7 canciones, y era suficiente para hacer un disco. Entonces, ahí se decidió que íbamos a sacar ese disco e íbamos a seguir llevando el proyecto… Entonces a lo largo del año pasado seguimos haciendo shows, conseguimos a otra violinista porque la fundadora regresó a Vancouver; y el disco lo queremos sacar pronto.

Podrías decir qué esa es la razón intelectual, encontrar esa exploración.

Sí, por así decirlo. Para él fue un deseo de involucrarse en otro tipo de música que no fuera lo que él estaba acostumbrado. Para mí fue una oportunidad de que a mí me gustan ese tipo de bandas así acústicas, y explorar cosas; pero la verdad yo no pensé que triunfaría, yo pensé que iba a fracasar. Yo pensé que iba a ser tremendo desastre. Un cuento del que todos nos reiríamos en el futuro (risas)… ¡Pero no, resulta que funcionó!

Pero bueno, funcionó, y ahora tienen planeado sacar un disco más pronto que tarde.

Sí… Así estamos… Yo quiero sacarlo como tarde en verano. Si fuese posible, la primera semana de febrero…Pero bueno, tengo también otros proyectos: tengo mi proyecto solista y otras bandas con las que toco. Sin embargo, este es relativamente el más importante.

Galería LBB

Una ciudad.

Valencia.

Una comida.

Pabellón.

Un libro.

Así habló Zaratustra.

Una época.

Ahorita, no hay otra.

Una canción preferida.

El tema de amor de Cinema Paradiso.

Una pasión.

La música.

Un miedo.

No saber que estoy haciendo.

Un crimen que puedas confesar.

Ni de vaina, ni de vaina (risas). Soy un inmigrante latino en E.E.U.U., no tengo oportunidad de hacer eso (risas).

Un momento que nunca olvidarás.

Cuando me quedé trancado en mi primera nevada.

Un error.

Sacarme una tarjeta de crédito.

Un mandamiento para Maurizio Fiore.

Arreglar la cama y lavar los platos.

Un objeto valioso para ti.

Un instrumento.

Un héroe en la música.

Astor Piazzolla.

Si tuvieras que elegir una composición tuya.

Canción para Paulina. Esa me gusta mucho.

Si yo fuese Paulina me sentiría bastante alagada (risas)… Algo que jamás harías en la música.

Hacer algo sólo para vender.

¿Qué es lo peor que le han dicho a Maurizio Fiore?

Cuando me dicen que “huí de Venezuela”.

Recomiéndame un artista venezolano; una banda, un grupo.

Ensamble Gurrufío.

¿Te gusta algún artista de rap?

Apache.

Termino con esta anécdota. Recuerdo que al final de 5to año de bachillerato fuimos (la promoción) a una piscinada en una casa grande en El Solar; que tenía un patio, una laguna y un caney. Hubo un momento en que tú te alejaste hacia los árboles y te pusiste a tocar el cuatro ¿Te acuerdas de éste momento?

…Una piscinada… ¿En el Solar?…

Hubo una actividad en el colegio en la mañana, y tenía como un caney ¿no recuerdas?

¡Una piscinada!, ¡Sí…! Con una laguna (risas) ¡Ya me acordé, ya me acordé! Que loco (risas)…

¿Qué pudiste haber estado tocando?

De acuerdo, sí (risas)… Coye, lo que pasa es que en lo tú te alejabas hacia el bosque y había una serenidad demasiado arrecha, y yo estaba muy hippie… No me acuerdo que estaba tocando… Estaba tocando cuatro, así que probablemente era algo venezolano (risas)… A la mente se me viene Sabana… No estoy seguro, pero vamos a decir que era eso, Sabana de Simón Díaz…. Yo recuerdo que la gente me gritaba “¡Fiore!, ¡tú estás loco!, ¡se fue!”… y volví y me preguntaron “¿qué te pasó Fiore, tú estás loco?”, y yo y que “no no, tripeando” (risas).

Complementa este artículo leyendo la entevista extendida a Maurizio Fiore donde profundizamos en la historia del jazz, la naturaleza de los instrumentos folklóricos, la escena musical en Nueva York y más.