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Antología

Ricardo A. Chacón

Retratos de una ciudad en busca de su identidad

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"La ciudad que conocemos vaga en una nostalgia que, paradójicamente, desconoce lo que añora."

«Retratos de una ciudad sin identidad» es uno (1) de tres (3) relatos de la antología literaria «Memorias del Concreto Armado», la primera de una serie de recopilaciones de cuentos, ensayos, poemas y relatos relacionados a símbolos, vivencias e interacciones dentro del imaginario venezolano.

Sin título, Caracas, 1993 / Fotografía de Ramón Paolini ©ArchivoFotografíaUrbana

Retratos de una ciudad en busca de su identidad

Todo se resume, al final, en estética. En la armonía de los colores, en lo vivo del ambiente y el significado de los contrastes. Y vaya que somos amantes de la estética, pero tan poco detallistas con los marcados y olvidados contrastes de la ciudad. Erigida sobre extensos valles y también sinuosos relieves, sobre apellidos pesados e ingratitud sobre su pasado, la ciudad que conocemos vaga en una nostalgia que, paradójicamente, desconoce lo que añora.

En cualquier paseo por la ciudad es reconocible su particular semblanza: un enorme terreno de gigantes verdes y grises en una búsqueda estéril de su propia identidad. Nuestro ciudadano de a pie no entiende ya de rasgos emocionales con los que podamos distinguirnos (y valorarnos) de aquellos más allá de La Cabrera o de los linderos del oeste. Ni las propias paredes de la ciudad son capaces de contar, con sus enormes fracturas, lo que antaño pudimos ser. Somos una tierra de brechas y prejuicios crecientes que han desgastado la pintura de aquellos que una vez quisimos ser grandes.

Sin título, Valencia, 2020 / Ricardo Chacón

La cotidianeidad, resumida en una maraña de caminos recorridos que apuntan a lo hermético, nos hizo olvidar el potencial de una ciudad que ha terminado por ser sólo una tierra de paso. Cada partida de un paisano es un recuerdo perdido de nuestra identidad como ciudad, y nos ha reducido a ser apenas una autopista con poquísimas paradas, representadas éstas en aquellas mínimas razones para quedarse. Y cómo olvidar la línea divisoria que nos separa de aquellos con quienes comulgábamos, donde una calle o un puente maldicen a sus transeúntes con una grosera amnesia y apatía hacia quienes están en el punto cardinal contrario.

Transitando por la ciudad, seguimos tratando de recordar lo que alguna vez fuimos o quisimos ser. ¿Estaría la respuesta, entonces, donde los estratos dejan de ser estratos? ¿Estará donde nos ganamos nuestro título de cuna de la República y donde trabajadores incansables dejaron sus firmas? Lo cierto es que no es necesariamente en un lugar físico, y puede que sólo se trate de un recuerdo inalcanzable, pero sigo convencido de que el arraigo a esta tierra alguna vez existió y que la clave para reconstruir nuestra identidad reside en abrir las puertas de nuestra consciencia, de nuestra historia y de nuestras realidades, una oportunidad para embellecer y aprovechar, mas no borrar, el bello contraste entre los matices de nuestra ciudad, así como alguna vez Orinoco y Caroní pudieron sumirse en un recuerdo vivo y perpetuo.

Complementa este artículo leyendo Cerros de Cemento y Caracas es una paliza, también de la antología «Memorias del concreto armado».