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'Ciudadano Kane', Borges y el significado de Rosebud

After Truth: Disinformation and the Cost of Fake News (2020) es un film documental del cineasta norteamericano Andrew Rossi para HBO.

Ricardo A. Chacón
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Ciudadano Kane (1941) es un film de Orson Welles; dirigido, producido y co-escrito por éste. Protagonizado por Welles, Joseph Cotten, Dorothy Comingore, Everett Sloane, Agnes Moorehead, Ray Collins, George Coulouris y Ruth Warrick. Co-escita con Herman J. Mankiewicz y cinematografía de Gregg Toland.

La historia de Charles Foster Kane está directamente inspirada en la vida de William R Hearst, político, comunicador público y empresario norteamericano, dueño de la cadena de medios Hearst Communications durante los siglos XVIII y XIX.

Fue este personaje quién junto a su contrincante por el monopolio comunicacional de la Nueva York de finales de 1800s, Joseph Pullitzer (dueño del St. Louis Post-Dispatch y el New York World), difundió noticias sensacionalistas desde su cadena de periódicos –batalla mediática que, por cierto, dio origen a la acuñación del termino periodismo amarillista– sobre el hundimiento de un buque de guerra norteamericano en la bahía de la Habana y la brutalidad del régimen español contra la población de la isla de Cuba. Algunos historiadores apuntan que esto fue lo que impulsó a los E.E.U.U a declarar la guerra a España en 1898 que culminó en la ocupación norteamericana de la isla. Sobre los sucesos posteriores a la guerra –como el inoportuno asesinato del presidente William McKinley– fueron bordados los capítulos de la vida Hearst, un hombre de luces y sombras “amado por unos y odiado por otros». Figura pública quién, aún en sus últimos años de vida, tomada noticia del estreno próximo de Ciudadano Kane, movió sus influencias en Hollywood para censurarla y perjudicar la carrera del cineasta; castigando ferozmente los ingresos en taquilla del filme.

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Ciudadano Kane (1941). Orson Welles (Charlie Kane) y Ruth Warrick (Emily Norton)

¿Quién es Charles Foster Kane?

Un héroe y un canalla… Un buen amante y un perro sucio… Un gran americano y un populista embaucador… Ciudadano Kane nos describe la vida del hombre en una narrativa fragmentaria, a partir de los relatos desordenados y contradictorios de las personas que mejor le ‘conocieron’  sin entenderlo del todo.

Kane fue, ante todo, un forjador. Alguien que presionó y apretó con su grandeza y su ingenio a las personas, a las audiencias, a las circunstancias y a las realidades para ser y amarlo en los términos que él quería.

Así se ve como al momento de su muerte, su Inquierer publica una primera plana llena de lutos entre la población y los líderes del mundo por la muerte de un Kane retratado como filántropo (la foto de la columna es grande y está llena de carisma y afabilidad), líder influyente, servidor público entregado y benefactor de la sociedad. Su empresa para la carrera musical forzada de su segunda esposa, Susan Alexander, viviendo a través de su juventud como un vampiro para luchar por el amor incondicional del pueblo americano; diciéndole “nosotros seremos una gran estrella de Ópera”. La escena del aplauso en el teatro, donde enaltece ciegamente su creación e irrebatibilidad . La erección de su monarquía absoluta; el palacio-prisión de Xánadu donde pasó el crepúsculo de su vida, completamente aislado y replegado sobre sí mismo.

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Ciudadano Kane (1941). Pasillos de Xánadu

El camino hacia Xánadu

Al inicio del filme se ve una reja de alambre en la que se lee en un cartel «NO SE PUEDE PASAR». La cámara sube y muestra a la reja transformarse en un cerco de acero con un grabado de flores. Sigue subiendo y el cerco termina con el logo de C. F. Kane (la “K») en el final de la estructura; se ven a lo lejos las sombras de la gótica y mórbidamente grande Xánadu; y nos empezamos a acercar.

El símbolo de su imperio, Xánadu es un palacio construido sobre una montaña artificial de ‘veinte mil toneladas de mármol, cien mil árboles y edificada en el desierto de la costa del Golfo, en Florida’. Abigarrada de pinturas, piscinas, esculturas, lujos, bibliotecas, personas, animales y piedras de otros palacios –“La riqueza del mundo», dice la voz del obituario– que sin embargo, como una alegoría al arco del propio Kane, la arquitectura dorada que fue diseñada para ser sagrada, queda incompleta y termina como una prisión de aislamiento autoimpuesto y una tumba gigante de sí mismo. Un  legado transformado en cueva que ya no iba hacia la sociedad, sino que se mostraba magnánima esperando que esta se presentara ante él pidiendo su redención arrodillada.

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Ciudadano Kane (1941). Orson Welles (Charlie Kane) y Joseph Cotten (Jedediah Leland)

Ciudadano Kane – América, Hopper y el Frontier Art

Para el momento histórico del film, América lastraba un pasado reciente de confiar su Nación al valor de las finanzas, el cultivo de la inversión y la labor de los banqueros para forjar una sociedad estable. Políticas que cimentaron las instituciones del descarrilamiento y ulterior abandono de la América del Frontier; la bucólica, la libre; la pura e indomable que atravesaba ‘buscando’ Kerouac anhelante durante los 1940s’. Ellos, los hombres-institución, los hombres racionales, los causantes. Por eso Edward Hopper pintaba soledades modernas y frontiers obsesivos, inquietantes e invitadores. En el llanto del espíritu había un sollozo por esa América; esa tierra (de naturaleza, de cultivos, de riquezas) que los banqueros, los hombres del retrato pintado con miradas duras, manos dominantes y de progreso explotaron (como Tatcher). Es un lamento. Kane es la deformación, el mutante, la personificación resultante (tan real que da miedo; inspirada en una persona real) de este trauma en el gen americano. Un gen infeliz; desapegado, calculador, adquisidor y formador de su environment.

Era obvio que Kane odiara a Tatcher, por haberle quitado todas esas riquezas. Su infancia, el amor maternal, la familia, el apego.

Susan Alexander es otra alegoría. Con un Kane en su último cuarto de vida, completamente alienado; las paredes del cuarto de Alexander están llenas de grabados de animales silvestres y, como recuerda Leland citando a Kane, “¿Quieres saber cómo la llamaba  Charlie? (…) una ‘sección transversal del público americano»’. Susan, pidiéndole a Charlie que le permitiera dar fin a su asfixiada carrera musical, le repetía que él no entendía lo que era estar ahí y que “toda la audiencia no te quisiera”… Finalmente, Charlie le contesta “Ahí es cuando tienes que pelear… [Pero] está bien, no tienes que pelearlos más. Es su pérdida» y hace así su última despedida al espíritu de la tierra americana.

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Ciudadano Kane (1941). Espejos de Xánadu

El laberinto hacia Rosebud

Un zoom-out de la nieve que cae sobre la casa de la infancia de Kane en Colorado, dentro de una esfera de cristal, nos traslada al lecho de su muerte. Escuchando su última palabra “Rosebud”, Kane suelta la esfera de cristal y esta cae y se rompe. En la toma final vemos una imagen desde lo lejos del rompecabezas de la vida de Kane, hecho por un laberinto infinito de los objetos que adquirió durante su vida. La toma siguiente nos hace ‘volar’ encima de los pasillos del laberinto buscando algo; cruzando la frontera de las últimas pertenencias del cuarto de Susan Alexander nos lleva, acercándose, hacia sus pertenencias más íntimas: Vemos un lote de periódicos viejos, la foto de un niño con su madre y la cristalería de comienzos de su primer matrimonio; luego en el centro, un trineo viejo que es tomado por un empleado y tirado al fuego. En la escena final, vemos el trineo quemándose leyendo en éste la palabra: “Rosebud”.

Es verdad. Rosebud terminó siendo algo muy simple: una metáfora de la infancia perdida y el anhelo por una época de felicidad pura y simple, como niño pequeño, muy pobre, creciendo junto a su madre. La historia completa de América para ese momento reducida en esa palabra “Rosebud” si se quiere. Pero hay aún un poco más.

Rosebud, no dejaba de ser más que una pieza del “laberinto sin centro” –decía Borges–, en la reconstrucción del enorme rompecabezas de la vida de Foster Kane. Al comienzo de la búsqueda policial por el significado de la palabra, el jefe de periodistas le dice a Thompson, el reportero “no es suficiente decirnos lo que un hombre hizo; debes decirnos quién fue», pero Johnson le responde en el final de la película: “no creo que ninguna palabra pueda explicar la vida de un hombre”. ‘Rosebud’ no es más que una de todas las poses (en el sentido existencial) sin unidad rectora que se ven a través de los espejos del alma del hombre; ceñidos por la multiplicidad, la inconexión y la fragmentación. “Un caos de apariencias”, decía el literato argentino; el anhelar debido de un centro que no existe realmente.

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Ciudadano Kane (1941). Agnes Moorehead (Mary Kane), George Coulouris (Walker Parks Tatcher) y Harry Shannon (Padre de Kane)

La influencia de Orson Welles y Ciudadano Kane

Welles entendía bien la comunicación de su tiempo y sus peligros. Ya en 1938, había aterrorizado a los radioescuchas estadounidenses cuando en Halloween de este año, transmitió una adaptación en formato de ‘radiodrama’ de The War of the Worlds (de G. H. Wells) haciéndolos pensar que estaban siendo invadidos por alienígenas. El suceso le hizo captar la atención de RKO Radio Pictures, estudio que le ofreció la oportunidad a Welles de crear una obra sobre la que tuviese un “control absoluto” sobre su material (algo impensable para la época) y gracias a ello, éste gozó de la libertad suficiente para experimentar usando técnicas narrativas, elementos de escena (cómo el mise-en-scène) y actores provenientes del teatro. Ello junto con las invenciones cinematográficas de Gregg Toland, la mayoría de estas ideas son aún vanguardia en el séptimo arte y siguen influenciando el estilo cinematográfico contemporáneo 80 años después.

El uso de deep focus (“foco profundo”) para orientar la atención a muchos elementos en una misma escena que ‘avanzan’ la historia simultáneamente –como en la escena de la cabaña: en un plano están su madre y Tatcher discutiendo el documento, en otro el padre primero oponiéndose y luego cediendo y en otro el pequeño Charlie jugando afuera en la nieve, ignorante de lo que sucede dentro de su casa.

La narración no linear y sin orden cronológico, a través de memorias.

La luz y el uso de claroscuros para orientar el ‘sentido’ de la historia y mostrar los sentimientos de los personajes (de gran influencia en el cine noir de la década siguiente) –como en la escena de la declaración de principios, Kane está leyendo con su rosto sumido en la sombra total, previniéndose su villanía y el rompimiento de su promesa; mientras que el rostro iluminado de Jedediah Leland, está por el contrario lleno de inocencia y esperanza.

Por último, el ‘protagonismo’ de la cámara; en los movimientos y el posicionamiento de la misma: más abajo del nivel del suelo –como en la escena de las elecciones perdidas en las oficinas de The Inquierer–, en planos largos para cambiar escenas dentro de una misma toma –como en la toma de la llegada de Kane a las oficinas de The Inquierer– o las tomas desde abajo para hacer ver a los personajes omnipotentes o ‘más grandes que la vida’.